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jueves, 10 de julio de 2014

Humilhação

El estadio de Mineirao revivió la versión moderna y más cruel del histórico Maracanazo. Sesenta y cuatro años después de que Uruguay humillara a Brasil en su propia casa, la selección alemana de Joachim Löw sometió a los de Felipe Scolari al peor correctivo en la semifinal de un Mundial.
A Alemania le bastó media hora, en la primera mitad, para barrer a Brasil del partido. El juego combinativo y poder ofensivo de los germanos se convirtió en un cócktel peligroso ante las lagunas defensivas de los de Felipe Scolari.
La baja de Neymar había condicionado anímicamente a los brasileños en los días previos al encuentro, pero ni la ausencia del azulgrana ni la del líder de la defensa, Thiago Silva, no bastaron para justificar la mala imagen mostrada por los anfitriones.  
Pasarán décadas antes de que los brasileños superen la humillación a la que les sometió Alemania ante un estadio lleno hasta la bandera, que tras el descanso, y con el 0-5 ya en el marcador, se quedó casi en media entrada.
Los primeros minutos de Brasil no hacían presagiar la catástrofe. Impregnados por la impronta de sus dos jugadores ausentes, los brasileños arrancaron con intensidad y sometiendo a presión a Alemania. Sin embargo, los germanos siguieron a lo suyo, el toque, la velocidad de balón y la verticalidad.
Sin embargo, el primer síntoma de que Brasil no había preparado bien el partido no tardó en llegar. A los diez minutos de encuentro, Kroos picó un córner que llegó a los pies de Müller, libre de marca en la frontal del área pequeña, y que con una volea superó a Julio César para abrir el marcador.
El 0-1 descentró a los de Scolari, que no tuvieron tiempo para sobre ponerse y reaccionar. La desconcentración pasó factura, sobre todo cuando, pasado el minuto 20 de partido, el encuentro entró en los seis minutos más fatídicos de la historia reciente de Brasil.
En un abrir y cerrar de ojos, Klose (quien ya es el máximo goleador de la historia de los mundiales con 16 goles en 23 partidos), Kroos en dos ocasiones y Khedira pusieron el 0-5 en el marcador ante la incredulidad de los espectadores.
El tiki taka de Alemania en el interior del área brasileña fue letal. La defensa de la ‘verdeamarelha’, totalmente descolocada, y Julio César no podían hacer más que rezar, impotentes, para que la sangría cesara.
Pero aunque Alemania empezó a dosificarse, pensando ya en la final del domingo, la inercia marcó el rumbo del partido en la segunda parte. Con un Brasil que solo luchaba por salvar su honor con un gol, Neuer también tuvo sus minutos de gloria, protagonizando tres paradas dignas de mención.
Fue el único peligro capaz de generar Brasil, que para más inri tuvo que asistir a los macro rondos de Alemania sobre todo el terreno de juego ante la ovación de su propia afición.
Pero, por si una ‘manita’ no era suficiente humillación, Schurrle se sumó a la fiesta en la segunda parte. Salió al terreno de juego por el ya histórico Klose y firmó dos auténticos golazos. 
Justo cuando el marcador reflejaba el minuto 90, Oscar lograba el perseguido gol de un honor, que a esas alturas del partido ya era imposible de recuperar. Las lágrimas de los jugadores de Brasil al término del partido hablaban por sí solas. El partido frente a Alemania marcará un antes y un después en la historia del fútbol brasileño.

Mascherano, Argentina te debe adorar

Argentina venció a Holanda en la tanda de penaltis (4-2) de un partido marcado a fuego por la discusión táctica y jugará la final de la Copa del Mundo. Encuentro que acabó 0-0 en el tiempo reglamentado, y no en victoria argentina en el añadido sólo porque Palacio y Maxi Rodríguez se perdieron goles de forma increíble ante Cillessen a los 115 y 116 minutos. La albiceleste le cerró las vías de conexión a Robben y Van Persie, con lo que Holanda, que lució ese color en su camiseta y pantalones blancos, acaso para tratar de vencer los fantasmas del pasado, jamás encontró profundidad. Mientras tanto, la oranje llenó de obstáculos la pista que suele utilizar Lionel Messi en tres cuartos de cancha para disparar sus eslálones, y cuando Leo logró escapar, apareció Bruno Martins Indi para hacerle un par de placajes propios del rugby. El segundo de ellos en el primer tiempo le valió ver la tarjeta amarilla a los 44 minutos.
Fútbol y ajedrez no resisten muchos puntos de comparación, pero la segunda semifinal de la Copa del Mundo los acercó mucho. Tanto Argentina en su versión actual, como la Holanda que se ha visto tras el partido contra México, son equipos decididos a trabajar los partidos desde la paciencia y el juego posicional. Ninguno de los dos equipos se permite a sí mismo que las emociones interfieran en su planteo. Lo ocurrido en la primera semifinal entre Brasil y Alemania, llevó a Sabella y Van Gaal a tomar nota de lo que puede suceder cuando se pierde el norte sobre el terreno de juego, y la catastrófica caída de Brasil fijó aún más sus respectivas propuestas y esquemas.
Argentina y Holanda ofrecieron en el Arena Corinthians un espectáculo con demasiados instrumentos de viento, pero ninguno de percusión. Entonces el detalle que debía decantar la suerte del partido nunca apareció en escena. Ni Wesley Sneijder, con un disparo defectuoso a los 12 minutos ni la tozuda insistencia de Arjen Robben por bombear balones al área albiceleste para un Robin Van Persie inofensivo, le permitieron siquiera generar sensación de peligro a los oranje en el primer tiempo. Sergio Romero, con sus puños, alejó cualquier posibilidad de inquietud en su área.
Snejider, el hombre que a poco de llegar al Real Madrid, hace unos años, llegó a ser comparado de manera muy osada por un sector de la prensa capitalina con el mismísimo Alfredo Di Stéfano -homenajeado antes del choque-, no fue ni de lejos el conductor que su equipo reclama. Lo mejor en materia ofensiva durante todo el partido lo produjo Argentina, empezando por una combinación entre Higuaín y Enzo Pérez por la derecha, que obligó a Ron Vlaar a intervenir con falta para arreglar un desaguisado de Martins Indi y Daley Blind a los 14 minutos. Jasper Cillessen se quedó con el tiro libre directo de Leo Messi sin dar rebote.
Alejandro Sabella movió el banquillo para intentar ganar velocidad al dar entrada a Rodrigo Palacio en lugar de un extraordinario Enzo Pérez que acabó desfondado, y a un recuperado Sergio 'Kun' Aguero por Gonzalo Higuaín, a quien perjudicó notablemente la terna arbitral. El línea turco Bahattin Duran le invalidó un gol legal por fuera de juego inexistente sobre la media hora del segundo tiempo. Bajo la lluvia, Argentina tuvo mayor continuidad y se exprimió en busca del gol. Holanda, que en el alargue dio entrada a Huntelaar por Van Persie, sólo vulneró el cerrojo defensivo argentino a los 90 minutos, con una internada de Robben, cuyo intento de remate abortó Javier Mascherano, el quinto fantástico. Un 'Masche' que se recuperó tras sufrir una ligera conmoción cerebral en los 90 minutos para contagiar a sus compañeros antes del comienzo del tiempo extra con una arenga que subrayó su carácter inolvidable como mariscal de campo.


sábado, 5 de julio de 2014

Argentina baila al son de Messi

Siete minutos se llevaban de partido y el primer gambeteo de Leo Messi en el encuentro encontró finalmente premio, aunque fuera de rebote. Media vuelta entre varios defensores de 'La Pulga', balón a Di María, pase del madridista que tocó en un defensa y pelota en en perfecto bote para que Higuaín sacara un duro latigazo que sorprendió a Courtois. 1-0 que ya no se movió del  marcador, dando el pase a Argentina a semifinales ante una Bélgica que no respondió a las expectativas creadas.
Más lejos del área de lo habitual (Sabella situó a Messi en el 4-2-3-1 como mediapunta por detrás de Higuaín), Leo no pudo mirar tantas veces a portería como en otras ocasiones. Pero no por eso dejó su brillantez en el vestuario, especialmente en una primera parte en la que con el balón pegado a los pies se deshacía una y otro vez de los jugadores belgas que salían a su paso. Caracoleando, salía por izquierda, centro o derecha sin que nadie acertara a pararlo si no era con falta. Como así sucedió pasada la media hora, cuando tras salir una vez más de lo imposible, cayó en la frontal del área. Fue él mismo quien lanzó el libre directo, que buscó la cruceta izquierda de la meta de Courtois pero se marchó desviado.
Su enorme rendimiento en el primer acto se diluyó un tanto en el segundo, producto de la necesidad de nadar y guardar la ropa que tenía Argentina ante una Bélgica desdibujada pero que por inercia acabó buscando la puerta de su rival. Pudo redondear, eso sí, el partido en el minuto 93, cuando solo ante Courtois encontró el cuerpo del portero en su camino. Afortunadamente para los suyos, nadie tuvo que lamentar después esa ocasión perdida.
Ese fútbol entre líneas de Leo, esa manera de atraer a los contrarios hacia su área de influencia, permitió que sus compañeros gozaran de más espacios. Mala suerte tuvo Di María, que se lesionó pronto. Pero de ello sacó provecho Higuaín, un delantero que necesitaba como agua de mayo una actuación así con su selección. El 'Pipita' no sólo marcó el gol, sino que protagonizó una bonita jugada al principio del segundo periodo en la que tras lanzar un caño a Kompany, estrelló la pelota en el larguero. Fue sustituido antes del final y acabó abrazado y felicitado por todos sus compañeros. Entre ellos, cómo no, el 'artista' Messi.



martes, 1 de julio de 2014

Las grandes se empeñan en sufrir

Argentina venció (1-0) a Suiza y se clasificó para disputar los cuartos de final del Mundial, en el último aliento del choque. Ángel Di María, la punta de lanza más afilada que ha tenido la albiceleste en sus hasta ahora cuatro partidos disputados, hizo estallar a la marabunta en el Itaquerao, en la penúltima jugada de una prórroga infartante. Miles y miles de hinchas argentinos a los cuales no les debe haber quedado uña por morder.
Argentina se empeñó como Alemania y Brasil, en ponerle suspenso a su partido de octavos de final en el Mundial, y casi salta la sorpresa en el Arena Corinthians de Sao Paulo. Suiza, que tomó nota del partido que le planteó Irán a Argentina en Belo Horizonte, la tuvo en jaque, y para el mate faltó demasiado poco. Las escaramuzas de Shaqiri y su picardía para jugar tan del estilo sudamericano, llevaron a la albiceleste a dejar que el cuadro helvético la tuteara como si de una potencia se tratara. Así regaló los primeros cuarenta y cinco minutos. Al punto que Suiza, un reloj de alta precisión diseñado por el orfebre Ottmar Hitzfeld, casi la tumba con dos castañazos. A los 28 minutos Romero salvó el remate de gol de Xhaka tras una jugada espectacular del duende Shaqiri. A los 38, Drmic dilapidó un mano a mano, solo frente al meta argentino. Argentina generó sensación de peligro, pero Suiza lo creó de verdad.
En el segundo tiempo cambió. El equipo de Alejandro Sabella fue más incisivo, aunque le faltó la puntada final. Entre el andar pesado de Higuaín y su escopeta de feria, más las posibilidades que tuvieron Rodrigo Palacio y Lionel Messi y no pudieron concretar, las chances de que la albiceleste desnivelara se desvanecieron hasta necesitar de una prórroga de locura. Saldo de lo que le ocurre a un equipo que depende casi exclusivamente de su buque insignia. Leo Messi. Un Messi que casi marca en el minuto 79, de no ser porque el arquero Benaglio tuvo una tarde inspirada. Leo apareció poco. Influyó en ello la marca pegajosa hasta el hartazgo de Behrami, un émulo del Claudio Gentile que agobió a Diego Armando Maradona en España 82. En esa ocasión del crack azulgrana, en la que Djourou cometió penalti sobre Palacio -no sancionado-, Messi desequilibró. La otra oportunidad en la que logró hacerlo fue al dirigir el ataque que culminó Di María con un remate cruzado para conseguir el 1-0. Imagínese el lector, el delirio colectivo de la masa albiceleste en la capital comercial de Brasil. A saber la cantidad de decibelios que desató el grito liberador del gol.
Suiza completó un partido extraordinario. Incluso llegó a gustarse en la recta final del choque, cuando todo el mundo paladeaba la emoción mortífera de los penaltis. Los suizos no apelaron al juego brusco. Ofrecieron un recital de cómo se bloca a grandes individualidades. Pero los genios tienen eso. Deciden. Cuando Messi recibió por segunda vez solo, Higuaín cortinó a la perfección por única vez en todo el partido, y Leo levantó la cabeza para habilitar a Di María a su derecha, todo terminó. Recompensa sensacional y merecida para 'Fideo', quien fue sepultado por sus compañeros en la celebración. Y como Argentina no puede ganar sin sufrir, se permitió incluso ceder un tiro libre en el último aliento del alargue, que Suiza, con el arquero Benaglio en el área, no pudo explotar. Argentina, señoras y señores, está en los cuartos de final de Brasil 2014. El cuco continúa su camino.

lunes, 30 de junio de 2014

Schürrle, Khedira, Neuer y poco más

A Alemania, con siete jugadores del Bayern en su once titular, le costó mucho desarrollar su habitual fútbol de toque en la primera parte y hasta la media hora de partido no encontró la manera de penetrar en la muralla argelina. Además, la defensa germana, sin Hummels por lesión y con la novedad de Mustafi en el lateral derecho, dio alarmantes síntomas de fragilidad que obligaron a Neuer a prodigar varias salidas desesperadas de su área. En la primera, en el minuto 8, el meta pecó de temerario pero rectificó lanzándose a los pies de Slimani. un incordio, cuando le había superado en carrera.
Fue el primer susto de Argelia, bien situada atrás, en sus rápidas contras cuando recuperaba el balón gracias a su insistente presión. Feghouli llegó hasta la línea de fondo pero, sin ángulo, disparó mal (14') y luego el lateral Ghoulam, una bala por la izquierda, se plantó solo ante Neuer y cruzó en exceso su remate (17').

El continuo cambio de posiciones de los jugadores de Joachim Löw y los lanzamientos lejanos permitieron a Alemania ver la luz en el túnel argelino. Un centro-chut de Özil, desde la izquierda tras cambiar de banda, un cabezazo desviado de Müller, el jugador más en punta, y una doble parada de Rais Mbolhi (tras desviar un trallazo de Kroos, tapó el intento de Götze en el rebote) permitieron al 'Mannschaft' irse al descanso con renovadas esperanzas.
Löw dejó en la caseta a un inoperante Götze y acertó dando entrada a Schürrle por la derecha para dejar por la izquierda a Ozil. Alemania puso cerco a la portería desde el primer minuto. Mbolhi volvió a frustrar dos claras ocasiones al blocar un cabezazo de Höwedes y desviar a córner con la punta de los dedos un trallazo de Lahm. Argelia resistió la iniciativa alemana pero cuando pudo se proyectó al ataque con balones largos a Slimani. La lesión de Mustafi obligó a Löw a recolocar a Lahm como lateral y poner en su lugar a Khedira. Los 'zorros del desierto' aprovecharon la circunstancia para mostrar sus uñas y el partido se convirtió por momentos en un ida y vuelta espectacular.
Pese al Ramadán, Vahid Halilzodzic, que cambió a medio equipo respecto al que logró el pase ante Rusia, introdujo el primer cambio en el minuto 78 al dar entrada a Bahrimi. En el tramo final Alemania insistió y tuvo ocasiones claras en cabezazos de Schweinsteiger, una doble intrevención milagrosa de Mbolhi (tras sendos remates de Müller y Schürrle) y otra de Müller, que falló un gol cantado.
Este tanto que se le resistió a Alemania llegó en el primer minuto de la prórroga al rematar Schürrle de tacón un centro de Müller. En el último suspiro Özil situó el 2-0 a placer antes de que Djabou pusiera emoción a los últimos segundos

lunes, 23 de junio de 2014

Se nos va el pichichi

Terminó el Mundial para España y ahora nos queda el amplio enunciado de todo lo que hubiera podido ser. Si la Selección hubiera empezado contra Australia, si Silva hubiera marcado aquel gol contra Holanda, si la composición del grupo hubiera sido más amable, si nos hubiéramos alojado en Copacabana. Así es. Ganar el último partido nos aplacó el ánimo revolucionario y nos sumergió en la melancolía. La renovación no será tan simple como empezar de cero, porque no es sólo cuestión de años, de abrir las puertas de la guardería. El drama no es que todavía sirvan muchos; la tragedia es que probablemente sirvan casi todos.
Ahora queda lejos, pero el principio del partido fue levemente pavoroso. Australia nos avasalló en los primeros minutos con su entusiasmo juvenil, con su desbordante energía de equipo Súper Ratón, supervitaminado y mineralizado. Nuestra languidez se vio sacudida por su presión adelantada. La buena noticia es que el becario nos despertó del letargo melancólico.
En el minuto 36 llegó el primer gol, bello muestrario de lo que no habíamos hecho hasta ahora. Iniesta trazó un pase en profundidad que conectó con Juanfran casi en la línea de fondo, a la espalda de la defensa australiana. Su centro fue rematado por Villa con el tacón, como en los viejos tiempos, como anteyaer. El delantero lo celebró con más rabia que alegría y se besó el escudo media docena de veces. Para eso, precisamente, servía el partido inservible.
Por esa razón cuesta entender la sustitución de Villa en el minuto 59’, especialmente en alguien tan atento a los modales como Del Bosque. El Guaje disputaba su último partido como internacional (por retirada voluntaria) y, después de marcar en la primera parte, se encontraba a un solo gol de los 60 con la Selección, cifra redonda. La suya era la única despedida que podía ser hermosa, pero tampoco lo fue. El cambio sorprendió y abatió al delantero. Sus compañeros tardaron en reaccionar y lo que debió ser un emotivo aplauso se quedó en un consuelo atropellado. Villa, por cierto, estaba jugando bien.
Fernando Torres marcó el segundo gol al aprovechar otro de esos pases de azúcar de Iniesta. Mata consiguió el tercero con un remate entre las piernas del portero, después de un envío de un hiperactivo Cesc. Silva, por último, intentó el gol de Holanda, pero siguió fallándolo.
Así acabó y así nos fuimos. Con un sentimiento mucho más triste que el de la eliminación. Con la terrible sensación de que nos hemos quedado sin la mitad del verano. Y acaba de empezar.

domingo, 22 de junio de 2014

Ghana quiere estar ahí

El combinado germano tendrá que esperar a su próximo partido ante EE.UU para sellar el pase a octavos de final en el Mundial.
Alemania sigue liderando el Grupo G con cuatro puntos y Ghana es tercera con uno, aunque la clasificación podría variar este domingo cuando se enfrenten EE.UU, segundo con tres puntos, ante la Portugal de Cristiano Ronaldo, última sin puntos. Ninguno de los cuatro equipos quedó aún fuera ni selló su pase a octavos.
El técnico Kwesi Appiah sacó un equipo valiente que sorprendió presionando muy arriba y buscando siempre la portería de Manuel Neuer. Alemania luchó por imponer el juego que había funcionado ante Portugal: control en el medio campo y aceleración de Götze y Mesut Özil ante el área rival para el último toque de Thomas Müller. Pero sólo lo logró en fases aisladas del primer tiempo. Neuer tuvo que volver a lucirse para despejar un bombazo de Sulley Muntari en el 33' desde 25 metros.
El entretiempo llegó con los alemanes acorralados en su área tras un cabezazo de Ayew y un córner mal despejado por Neuer. Las cifras confirmaban las sensaciones: los ghaneses dispararon ocho veces al arco en el primer tiempo, el doble que los alemanes.
El segundo tiempo reflejó desde el inicio el equilibrio del partido. Alemania golpeó primero por medio de Götze, que ganó la posición a un defensa y conectó primero con la cabeza y luego con la rodilla un centro de Müller desde la derecha en el 51'.
La respuesta de Ghana tardó tres minutos en llegar con un gol idéntico al alemán pero en la otra área: el centro fue esta vez de Atsu y el cabezazo -imparable para Neuer- de Ayew.
Pero los africanos querían más y se hicieron dueños del partido ante una Alemania golpeada. Una pérdida de balón de los germanos dejó a Gyan solo ante Neuer y el delantero fusiló al portero para dar vuelta el marcador.Obligado a cambiar la tónica de una Alemania desfigurada, Löw metió Bastian Schweinsteiger por Sami Khedira y a Miroslav Klose por Götze en el 69'. Los cambios tuvieron efecto inmediato: Höwedes peinó un córner en el área y Klose apareció en el segundo palo para enviar la pelota a la red. Llevaba sólo dos minutos en el campo. Müller y Klose tuvieron ocasiones para sellar la victoria en los últimos minutos de un partido frenético, pero el cruce terminó con un merecido empate que deja el grupo abierto hasta el final.